P { margin-bottom: 0.21cm; } VELEZ BENAUDALLA Y DON ANTONIO GONZÁLEZ DE CÓRDOBA


 

 

Texto e información de aportada por D.Antonio Maldonado Correa y Manuel Hódar Maldonado y Cedida por D.Paulino Martín.

 

“VELEZ BENAUDALLA Y DON ANTONIO GONZÁLEZ DE CÓRDOBA”


Don Antonio González es hoy un desconocido en Vélez. Solamente algunos mayores podrán evocar recuerdos y sentir las emociones que les despertará este nombre. Hoy lo recordamos con gratitud, porque forma parte de los que en épocas pasadas acompañaron a nuestro pueblo.
La presencia de don Antonio en Vélez fue profunda y prolongada: llegó a mucha gente y despertó abundante vida. Esta presencia se desarrolló en tres épocas distintas.


1. La primera estancia de este estudiante motrileño en Vélez duró los dos años que estuvo como maestro en prácticas en las “Escuelas Nacionales”, requisito necesario para obtener el título de “Maestro de Enseñanza Primaria”. Durante estos dos años estuvo orientado por un maestro, que por los apellidos suponemos que era natural de Vélez: don Ramón Pedrosa Montero.
En la memoria escrita de “las prácticas” aparece una confidencia clave para conocer a don Antonio: “Desde pequeño sentí un acendrado cariño por la enseñanza; todos mis anhelos, mis sueños, mis conversaciones se dirigían a la enseñanza”. Y la vida hizo realidad el sueño: La docencia le dio unidad a toda su persona, pues la ejercía como un impulso que le nacía de dentro.
Después de esta actividad en Vélez estudió dos años en el Sacromonte de Granada, al cabo de los cuales entró en el Seminario, en donde hizo los estudios eclesiásticos. Concluidos los cuales fue ordenado sacerdote.


2. Cuando vino por segunda vez a Vélez ya era sacerdote. Venía de Montejícar, su primer destino, en donde estuvo unos dos años como coadjutor. También en Vélez su actividad en la parroquia era ayudar al párroco, y atender a La Gorgoracha. Él nunca ejerció como párroco, sino como ayudante. Llegó a Vélez en el 1930, y aquí permaneció hasta bien pasada la guerra. En los tiempos más duros estuvo escondido en las “cuevas del jardín”, hasta que el ambiente se calmó y volvió a su casa, en donde siguió con su estilo de vida.


En Vélez vivía, como siempre, con su hermana Mercedes. Esta segunda vez, su familia era más numerosa, pues su hermana ya estaba casada y fue la época en la que nacerían sus dos hijos. La casa estaba enfrente del antiguo bar de Pedrosa. La planta baja de la vivienda estaba destinada a la vida familiar y en la superior tenía la escuela. Los que en Vélez tenían instrucción académica, y fueron muchos, la habían aprendido en esta escuela y con este maestro. Es de justicia reconocer un buen nivel de conocimientos en el pueblo. Muchos de estos alumnos transmitieron sus conocimientos a otros en escuelas domésticas, improvisadas para aquellos veleños que no disponían de tiempo para un aprendizaje más amplio y detenido, como el que requería la escuela de don Antonio. Transmitía los conocimientos según una pedagogía que ejerció siempre: Relacionaba los conocimientos con las necesidades de la vida del alumno. De esta manera saber se convertía en aprender a vivir.


3. La tercera manera de presencia de don Antonio con la gente de Vélez está directamente vinculada a su persona: a su guía magistral a quienes acudían a él pidiéndole orientación o consejo, o a su compañía paternal para quien estaba desolado, o a su ayuda generosa para quien pasaba por unas circunstancias de estrechez económica, tan frecuentes entonces. Estando en Motril, era muy frecuente la presencia de un veleño que lo buscara, ya en su casa –C/ Curucho, 6-, ya en la iglesia de la Encarnación.


¿Cómo era esta persona, al que acudían en sus necesidades quienes lo conocían? Impresionaba lo que referían los que recibían su ayuda.


Padecía una cojera en la pierna derecha, que le obligaba a caminar despacio. Con ocho años fue intervenido quirúrgicamente del pie derecho, por el que le quedó un ligero acortamiento de la extremidad inferior.


Don Antonio fue una institución en el pueblo: respetado, admirado y querido. Era un hombre de buen corazón: cercano a las personas, abierto a sus problemas e implicado en la solución, según sus posibilidades.


No se metía en asuntos políticos. Actitud muy de agradecer en aquel tiempo de rencores. A muchos los sacó de sentencias muy graves. Con sentido del humor sabía distender las situaciones difíciles.
A los que acudían a él los trataba sin prisas. Entendía la vida. Daba siempre un buen consejo. Era un hombre cercano a la realidad de los mortales. Su casa era un río de gente, unos a pedirle favores, otros a llevarle algunos regalos.


La consideración y el amor con el que fue tratada su persona y lo que él representaba de saber y de fe se puede entender como una reciprocidad del pueblo al respeto con el que él siempre lo trató, al amor que él tuvo a la gente y a la hondura de fe, que con tanta naturalidad transmitía. En su fe y ayuda no había artificio".