D. Simón Maldonado Ruiz


(LA GORGORACHA 1893-1962)

Contrajo matrimonio con Carmen Correa Toquero, con la que tuvo 6 hijos: Antonia, Miguel, Manuel, Victoria, Antonio y Carmen. Esta esposa murió, quedando él joven y sólo al cuidado de una familia numerosa. Los muchos hijos y su propia juventud lo llevaron a contraer el segundo casamiento.

 

La nueva esposa fue Dolores Moreno Castilla. Con ella tuvo tres hijas: Lola, Mercedes y Emilia. Los nueve hijos convierten a esta familia en un hogar extraordinariamente grande.

 

Don Simón Maldonado era muy conocido y muy querido en Vélez. Venía con bastante frecuencia al pueblo, pues tenía mucha familia y abundantes amigos, cuyos vínculos alimentaba con una relación sencilla, sincera y con encuentros habituales.

 

Dos notas sobresalientes en su persona lo hacían digno de admiración:

 

1. Era albañil. Un buen profesional. Su preparación no venía de las escuelas que frecuentara de joven, sino del interés que tuvo por aprender.

 

Este afán de superación le llevó a presentarse a unas oposiciones a telégrafos, oposiciones que no aprobó. Después encauzó su formación por derroteros relacionados directamente con la albañilería. Así aprendió también carpintería. Igualmente dio pruebas de ser un buen mecánico, cosa que demostró en la construcción de un trillo, y en el mantenimiento de la noria que abastecía de agua los huertos que cuidaba con esmero y gran éxito. Cada una de estas ramas de conocimientos le proporcionó las habilidades de un experto albañil, para quien la construcción no tenía secretos. A este profesional con dominio en el desempeño laboral y con hondura humana, no le faltó nunca trabajo con el que llevar a su familia adelante. Pero cada vez que se le presentaba la ocasión de progresar, ahí estaba el aprendiz que llevaba dentro, dispuesto a adquirir nuevos conocimientos y adiestramientos técnicos. La endémica falta de agua de La Gorgoracha le impulsó a descubrir veneros y abrir pozos. También consiguió con su esfuerzo llevar la corriente eléctrica hasta el cortijo.

 

De tal palo tal astilla”; o, como nos interesa en este momento, de tal padre tales hijos: También sus hijos tenían este afán de superación, a pesar de la escasez de medios y la ausencia de becas y ayudas, inexistentes en aquel momento.

 

De sus tres hijos varones estudiaron dos: Manuel y Antonio. Manuel hizo Derecho y después opositó a Notario, que fue su ocupación hasta el final de su vida laboral. Para alcanzar este nivel académico, desde pequeño trabajó en el Sacromonte de Granada. Primero en tareas muy concretas, y después vigilando y dirigiendo los estudios de los bachilleres de este centro.

 

Antonio, que desde pequeño quiso ser sacerdote, ingresó primeramente en el seminario diocesano de Granada y después entró en la Compañía de Jesús, donde permanece como jesuita.

 

Miguel se hizo cargo del campo que poseían en La Gorgoracha.

 

Las hijas siguieron la vida matrimonial, menos Antonia, la mayor, que entró como religiosa en las Carmelitas, que se conocen como de Orihuela.

 

2. Cuando alguien descuella en el mundo rural, suele ocurrir que sus paisanos le crean distancia. Es más fácil dar importancia a los forasteros que a los del pueblo. A Don Simón, que fue una persona con inquietudes, este espíritu de superación nunca le fue ocasión de rechazo por parte de sus conocidos. Era querido por todos. No existía ninguna barrera ante los amigos, la familia y la gente con la que trataba. Fue una persona muy valorada.

 

Cuando alguien se encontraba con él o lo encontraba en la calle, comentaban siempre en la casa de lo que habían hablado, o lo que él había dicho.

 

Fue hombre de trato directo, sencillo y sincero. Siempre pensé que era un hombre importante. Pero su grandeza procedía de dentro. Por fuera resplandecía la sencillez y la proximidad, con las que nunca molestó a nadie.

 

Nuestro pueblo tiene innumerables personas como él, que lo han edificado con su humanidad. De ellos está hecha nuestra historia tan humana, de la que procedemos y en la que descansamos. En el lenguaje de la construcción se suele decir: “Sobre tal viga descansa la casa”. En la solidez de personas como la de Don Simón, descansa nuestra ya muy larga historia de Vélez.

Texto escrito por D.Manuel Hódar Maldonado y Cedido por D.Paulino Martín