D. Miguel Gutierrez Cabrera


 

EL MÉDICO DE VELEZ BENAUDALLA

Era natural de Gualchos, donde nació en mayo de 1905. Cuando terminó los estudios de medicina se incorporó como médico titular en Vélez. Aquí contrajo matrimonio con, Mª Victoria Pedrosa Trevilla, de cuyo matrimonio nacieron una hija y dos varones. Los hijos vienen a ser para los humanos raíces que hunden para siempre a los padres en la tierra de sus retoños. Así le ocurrió a Don Miguel que, sin ser de nuestro pueblo, fue, gracias a sus hijos Pilar, José y Miguel, nuestro paisano durante toda su vida.

Permaneció activo en su profesión hasta los 70 años, que fue la edad en la que se jubiló. Murió cuando tenía 77. Está enterrado en el cementerio de Vélez, junto a su esposa. Se puede decir que nuestro pueblo fue el lugar donde su vida dio los frutos: los de su profesión y los de su descendencia.

Empezó ejerciendo como único médico del pueblo. Después compartió la responsabilidad con otros médicos que se iban relevando unos a otros; pero Don Miguel fue solamente médico de Vélez, desde el principio hasta el final de su vida profesional.

Por muchos años fue el testigo privilegiado de los padecimientos de las distintas generaciones del pueblo. Él nos conocía a cada uno en nuestra totalidad: nos acogió en la debilidad de nuestras enfermedades y nos vio recuperarnos con su ayuda. Nos acompañó con la discreta intervención de quien hace su trabajo.

Cuando Don Miguel pasaba por las calles, o visitaba las casas donde había algún enfermo, despertaba un gran respeto, que procedía de su gran humanidad, y también porque nos sentíamos conocidos por él. Fue un hombre respetable por su persona, por su profesión y por su trato profundo, como consecuencia natural de la tarea de médico.

Dos circunstancias se daban en la sociedad de aquellos momentos que afectaban a la vida profesional de los médicos, y que también nos pueden servir para acercarnos a conocer a Don Miguel en el ejercicio de su labor:

El Seguro de enfermedad tal y como estaba organizado en España, hasta que se estableció la manera como hoy lo disfrutamos, era muy diferente. También eran muy escasos los instrumentos existentes para hacer un diagnóstico seguro y una intervención.

Tampoco eran gratuitas ni la consulta ni las medicinas. En Vélez había muy pocas personas que disfrutaran de seguros médicos: los de la Compañía Sevillana de Electricidad y algunos más en número muy reducido.

Por esta razón consideramos que la mayor parte de los habitantes del pueblo dependían de su propia economía –por la iguala o por desembolso directo- para hacerle frente a sus problemas de salud: médico y medicinas. En gran parte de la población la economía sólo permitía sobrevivir, los problemas de salud siempre encontraban con escasos fondos a las familias. Esta circunstancia de los pacientes dejaba al descubierto la “humanidad” del profesional de la medicina. En momentos de sinceridad entre vecinos se comentaba la comprensión de Don Miguel ante las numerosas situaciones carenciales.

Por la falta de material disponible, los médicos dependían mucho de su capacitación profesional y de sus propias habilidades para diagnosticar e intervenir. Oí celebrar en varias ocasiones la habilidad manual de Don Miguel en los problemas de huesos.

Vélez cuenta con un pasado humano extraordinariamente rico, tanto de los hijos del pueblo, que han favorecido un ambiente sano, humano y bueno, como de los forasteros que vinieron y se quedaron, compartiendo con nosotros lo mejor que tenían. Entre ellos incluimos, con emoción, a Don Miguel.

Texto escrito por D.Manuel Hódar Maldonado y D.Antonio Maldonado Correa, Cedido por D.Paulino Martín