LUISA PERAMOS -“LUISITA”-


Luisa tuvo en los últimos años de su vida una presencia muy significativa en Vélez. Primero conoceremos algunos pormenores de cómo se desarrollaba su existencia diaria y después reflexionaremos sobre la importancia que tuvo para los veleños de su época.

 

Pertenecía a una familia de cuatro miembros: los padres, la hermana y ella. No conocemos el origen de los ingresos con los que se mantenían en la casa, no porque tuvieran un origen deshonesto, hipótesis que hay que desechar en todo momento, sino porque el olvido envuelve la distancia. ¿Podría provenir de la venta de algunas propiedades?

 

Luisa fue original. Su hermana aparecía como una muchacha sencilla (¿y pobre?). Salía a la calle a hacer los mandados, estaba donde las jóvenes del pueblo. Luisa, en cambio, no salía a la calle. Estaba siempre retirada en su casa. (Arreglada como una señorita). Los comentarios de los que la conocieron resaltan su belleza y el cuidado de su imagen.

 

Murieron primeramente sus padres y después su hermana, quedando ella sola. Un familiar suyo se la llevó a Granada. Pasados algunos años contrajo matrimonio con un comerciante mayor que ella, del que se separó pasado algunos años de su matrimonio.

 

Regresó de nuevo a Velez y se instaló en una habitación de la misma casa en la que había vivido toda su vida.

 

Pronto se le acabó el dinero que había traído de Granada, y tuvo necesidad de pedir. Lo hacía de una manera original. Iba arreglada como una señora acomodada, a visitar la familia que le correspondiera, según un orden que ella llevaba. En el contexto de la conversación o bien la invitaban a cenar o al despedirse le daban algo, dinero, víveres, comida, fruta e incluso leña. Ella llevaba seguramente un orden de visitas. Acaba pidiendo que algún hijo de la casa la acompañara para que le ayudara a llevar la carga.

 

Al final de sus días sus necesidades no las podía ella solucionar sola, así que para la limpieza de la habitación y su aseo personal el Ayuntamiento le proporcionó la ayuda de una señora del pueblo. Así fue hasta el final de sus días.

 

Algunas anécdotas:

 

1. Tenía Luisita en su vivienda un baúl muy grande. Si alguien, niño o niña, intentaba acercarse para abrirlo, ella rápidamente se lo prohibía. Aquella especie de arca no logró nadie abrirlo en vida, ni siquiera saber qué contenía. Cuando murió, los que estaban presentes lo abrieron y también encontraron también en él pobreza: Únicamente un crucifijo y muchos papeles, que podrían ser para evitar que el Cristo se desplazara de un lugar para otro y acabara estropeándose. Uno de los presente se lo llevó dando esta explicación: para que mi mujer le rece.

 

2. Existía en aquel tiempo en Velez un ataúd, que se guardaba en el cementerio. Le llamaban “la caja gallarda”. Si moría un pobre para el que su familia no pudiera adquirir uno para su entierro se la llevaban para trasladar al difunto de su casa al cementerio. Allí depositaban el cadáver directamente en el hoyo de la tierra. Así hubiera tenido que hacer con el cadáver de Luisita; pero ocurrió algo muy curioso: Alguien del pueblo murió fuera, en circunstancias que requerían traer al difunto en un ataúd de zinc y en él enterrarlo. El ataúd, por tanto, preparado en el pueblo por la familia fue destinado para enterrar a Luisita. La gente comentó por mucho tiempo, que hasta en la hora de su muerte se rodearon las circunstancias que le permitieron ser enterrada como una persona más acomodada de lo que ella había sido.

 

¡Qué grande un pueblo que cobija a los más necesitados de los suyos, manteniéndolos en su dignidad! Luisa fue respetada durante mucho tiempo: la invitada de la mesa de los que también eran pobres. Fueron años muy difíciles en el pueblo y Luisa no solía llamar a la puerta de los pudientes

 

Texto escrito por D. Antonio Maldonado Correa y D.Manuel Hódar Maldonado, Cedido por D.Paulino Martín