D. José Montero


José Montero fue cartero de Vélez muchos años: entre la década de los cuarenta y la de los cincuenta, del siglo pasado.

 

José era muy familiar para los ojos de un niño que se lo cruzaba a diario por las calles del pueblo, con un manojo de cartas en las manos. Siempre hacía el mismo rito: se acercaba a las puertas de aquellos a los que les llevaba carta y se la entregaba a su destinatario; en caso de que no respondiera la depositaba en algún lugar que ya tenía acordado previamente.

 

Era un hombre de presencia correcta y de trato amable y educado. A esta dignidad se le podía aplicar los calificativos de persona honrada, de buenos sentimientos.

 

Tenía su oficina en la primera casa de la calle de la Amargura. En esta misma casa tenía su domicilio familiar, y aunque se respetaba el horario, con frecuencia, por algún motivo, atendía a quien lo necesitara, fuera de hora. Y a la amabilidad del cartero, le correspondían los agradecimientos del paisano: “muchas gracias, José”, o de esta otra manera:”Dios se lo pague”. Siempre con un aprecio general del pueblo.

 

José estaba casado con Narcisa Morente. Tenían cuatro hijos: Matilde, José, Antonio y Carmen. Si alguna vez veíamos a alguno de ellos haciendo de cartero pensábamos que José o estaba enfermo o había ido de viaje.

 

Cuando él dejó de ejercer este oficio, lo ocupó su hija Matilde y después, su yerno Antonio, marido de Matilde. A quienes a ellos les sucedieron les había dejado un buen ejemplo sobre la manera de cumplir su tarea.

 

Y cuando por la edad se retiró de su trabajo, dedicó muchas horas de su tiempo a leer las cartas a quienes, por no saber, le pedían este favor. Lo mismo hacía con la cumplimentación de certificados, reclamaciones, ya que eran muy pocos los que sabían resolverlos por su propia cuenta. Todo esto con exhaustivo detalle acerca de los requerimientos, conveniencias de responder con prontitud y las consecuencias si no se hacía: enseñando y acompañando con actitudes propias de un educador experto.

 

José fue un hombre que dejó en el pueblo un recuerdo de trabajo bien hecho y un sencillo testimonio del bien hacer, a favor de los vecinos que lo necesitan.

 

Con mucha frecuencia ocurre este fenómeno: la presencia de alguien que ayuda a hacerle frente a las necesidades de los vecinos. Y esto sin llamar la atención. Así también es Vélez.

 

Texto escrito por D.Manuel Hódar Maldonado y Cedido por D.Paulino Martín