D. Joaquín Padial Illescas


Vivió entre finales del siglo XIX y mediados del XX

 

Joaquín Padial fue un hombre muy estimado por sus paisanos como persona buena, y muy reconocido como profesional de la construcción. A estas cualidades hay que añadir una circunstancia que influía en su popularidad y trato frecuente: tenía en la carretera un bar bastante concurrido, al que identificaba con un letrero sobre la puerta, que decía “restaurant”, que resultaba muy original esta manera de identificar entonces un bar con un comedor de cierta elegancia.

 

Para presentar a este maestro de la construcción y hombre de bien, recurriremos a dos tareas que llevó a cabo en la iglesia de Vélez, que, como amante de ella, la hizo objeto de sus conocimientos y de sus sentimientos más profundos:

 

1. Joaquín fue el autor y constructor del altar que, en un ángulo de nuestra iglesia, está dedicado a la Virgen de Lourdes. Tanto la mesa del altar, donde se celebra la liturgia, como el retablo, que es la parte ornamental, que enmarca el altar, están hechos con estalactitas y estalagmitas, traídas de las cuevas de los campos de Vélez. Este material artístico constituye los fondos pétreos del pueblo, al que Joaquín recurrió para hacer este altar a la Virgen.

 

Joaquín quiso honrar a la Virgen construyendo este altar en la iglesia de su pueblo: Fue el resultado de su trabajo paciente como albañil, de su buen gusto artístico y de la original presencia de estalactitas y estalagmitas en Vélez.

 

Eran los años de fervor mariano en Europa, los que siguieron a las apariciones de la Virgen a Bernardette en Francia, y en España fue grande esta devoción.

 

Muchas veces vi el asombro de algún visitante ante este retablo. Y no recuerdo a nadie que mirara este altar con indiferencia. Recuerdo que Don Guillermo hablaba con emoción a quienes, en algunas ocasiones, les iba enseñando la iglesia, destacando la originalidad de este lugar. Incluso, en alguna ocasión, he visto a alguien del pueblo, sorprendido al saber que este retablo era obra de un veleño. Muchos creían que pertenecía a la época de la construcción del templo.

 

2. Hubo otra aportación más llamativa y más urgente en el aderezo de la iglesia, para corregir la situación en la que había quedado al terminar la guerra. Otro trabajo que ponía de manifiesto cómo Joaquín quería a la iglesia.

 

Al final de la guerra, la iglesia estaba sucia e inapropiada para las celebraciones litúrgicas. Durante todos esos años, hubo mucha gente que la convirtió en lugar de refugio: Mucha gente hacía dentro la comida y lumbre para calentarse.

 

Para que estuviera disponible para la celebración del culto religioso, necesitaba una limpieza con los consiguientes arreglos, unos más sencillos y otros más complicados. Fueron Joaquín Padial, como entendido y Antonio Robles, como ayudante, quienes emprendieron, con total gratuidad, el largo trabajo de limpieza y embellecimiento de la iglesia, hasta devolverle el decoro que requiere una joya de tan alto valor religioso y artístico.

 

La iglesia, tan admirada y tan querida por los hijos de Vélez, lleva las huellas de nuestros paisanos.

 

Esta grandeza de la iglesia de Vélez nos identifica a quienes, a lo largo de los siglos, hemos sido bautizados en su pila bautismal.

 

 

Texto escrito por D.Manuel Hódar Maldonado y Cedido por D.Paulino Martín