D.GUILLERMO BENAVIDES DURÁN

PÁRROCO DE VELEZ DESDE EL 1942 AL 1970.


Si en aquellos años hubiera existido la facilidad para la fotografía como la de ahora, tendríamos montones de álbumes de fotos en los que estaría presente Don Guillermo. Los 27 ó 28 años que estuvo en nuestro pueblo de párroco ofrecieron muchas ocasiones para recordarlo presente en la vida de la mayoría de nuestros antepasados: con un consejo, en la administración de los sacramentos: bautismo, confesión, matrimonio, visita a algún enfermo,…

 

Este alhendinero vino destinado a Vélez después de haber ejercitado su oficio sacerdotal en varios pueblos. Eligió venir a Vélez, porque, entre varios pueblos fue el que más le interesó entre los que podía elegir, por haber aprobado unas oposiciones. Antiguamente dependían de superar unas oposiciones para tener una parroquia en propiedad. Después del Concilio cambió: Fue el último cura de la diócesis con parroquia propia. Podemos suponer que le gustaría Vélez y seguramente le atraería por estar cerca de Otívar, donde había estado un tiempo como cura, y en donde vivía su hermana casada y con varios hijos, que con frecuencia se pasaban temporadas con su tío en Vélez. Algunas cosas de su vida nos interesan conocerlas, pues nos pueden llevar a comprender a su persona:

 

Don Guillermo andaba cojo por haber padecido una parálisis en la infancia. Esta cojera, aunque era significativa, no le impedía caminar. Todos los pasos los daba con su bastón, tanto los derivados de su oficio, la misa, los entierros, las procesiones,… como su afición a la caza, que siempre que podía la practicaba. Tardes y días enteros los pasaba por los pendientes cerros de Vélez. Los años lo fueron distanciando de esta actividad, pero lo que no consiguieron los años fue quitarle el interés por la caza y la amistad de los veleños con los que compartían este interés.

 

Al final de su vida, tenía la satisfacción, de haber sido fiel como cura a unas exigencias de su oficio que, aunque hoy es normal que todos los curas las cumplan, pero en el tiempo de Don Guillermo se consideraban de más libre cumplimiento: Cada domingo y festivo predicaba en la misa, en “la misa primera” y en “la misa mayor”.

 

Todos los jueves del año, de tres a cinco de la tarde, los niños teníamos catecismo en la Iglesia. Su organización era muy simple: la mitad del tiempo los catequistas explicaban por pequeños grupos y la otra mitad Don Guillermo desarrollaba un tema de teología o de la Biblia a todos los niños desde los más pequeños a los más grandes, para terminar cantando el bello himno de la doctrina.

 

Don Guillermo fue un buen estudiante. Al final de curso publicaban las notas de cada seminarista. Sus calificaciones fueron siempre por parejo muy altas. Si alguien que lo recuerde lee este juicio, no sería de extrañar que dijera: “pues no lo parecía”. Y es que Don Guillermo, lo mismo que era de culto era de humilde. Me contó un cura natural de Vélez, que le dijo, “¿Con este expediente tan sobresaliente, Vd. podría haber tenido acceso a una licenciatura e incluso al doctorado. A lo que él le respondió: “El saber es bueno, lo demás es vanidad”.

 

Fue extraordinariamente sincero. Como un niño. No mentía, ni fingía. Lo que pensaba lo decía con la claridad del agua, pero sin ninguna acritud, ni segunda intención. No hablaba para ofender a su interlocutor, ni defenderse de nadie. Sus palabras fluían de su interior limpias, como “EL AGUA DEL NACIMIENTO”.

 

En Vélez enterró a su padre, ya anciano, en donde descansan sus restos. Los de Don Guillermo están enterrados en Otívar.

 

Texto escrito por D. Antonio Maldonado Correa y D.Manuel Hódar Maldonado, Cedido por D.Paulino Martín