D.FRANCISCO PEDROSA Y Dña.CONCHA GARCÍA

EL CORTIJO DON DIEGO


La dueña del cortijo Don Diego en el tiempo en el que nos estamos ocupando, era Mª Luisa Jiménez Lopera. Empezamos por este nombre pues esta señora y, seguramente también su marido, fueron los que pusieron al frente de esta finca al matrimonio Francisco Pedrosa Lorenzo y Concha García Lozano, que vinieron a ser el alma de aquel terreno y la alegría de la vida que allí se respiraba.

 

Francisco y Concha se incorporaron al cortijo en el año 1945. Hasta esta fecha vivían con sus cuatro hijos en la Gorgoracha, en donde Francisco trabajaba en la finca de Don Federico.

 

El cortijo Don Diego estaba lejos de la carretera que era el centro del pueblo. Conocido por todo el pueblo, en el cortijo se concentraban muchas idas y venidas para los que vivían en el barrio de la Cruz, del algarrobo y del castillo, que por distintos puntos eran limítrofes del pueblo. Está situado en un bello paisaje en el que se daba un clima suave, abundante vegetación, y agua.

 

En el terreno próximo al cortijo se desarrollaba una enorme actividad: La alberca para el regadío, las fuentes de agua potable, las ovejas que venían por temporadas, las eras de las trillas, el continuo ir y venir de gente, principalmente conocidos, pero también, desconocidos. Era un ambiente alegre y serio a la vez. Un niño estaba a gusto allí, aunque algunas cosas no las entendiera.

 

El peculiar ambiente acogedor que caracterizaba al cortijo se lo daba el espíritu que le insuflaba la familia que allí vivía: al principio por los dos miembros del matrimonio y después, cuando murió el marido, por Concha y sus cuatro hijos que ya iban haciéndose mayores.

 

Primeramente llevaban el cortijo Francisco y Concha. Ésta vivió muchos años después de su marido, que murió el año 1946. La falta de éste dejaría cuestiones pendientes, pero su esposa supo llevar adelante aquel respetuoso estilo de vida en el cortijo y en los alrededores. Concha fue una venerable viuda, escueta en hablar, pero atenta y eficaz en todo y a todos.

 

Reproducimos dos expresiones oídas en una conversación de alguien de los que la conocieron que, aunque se refieren a cosas distintas, pero vienen a ser la cara de una misma persona:

 

-“¡Cuánto rezaba Concha! No se podría saber si recogía más aceituna, que oraciones rezara. Siempre estaba rezando y siempre trabajando.”

 

La otra cuestión no es de inferior enjundia:

 

Quien iba al cortijo no se venía sin que Concha le diera algo.” (Eran años de grandes necesidades).

 

Tanto Francisco como Concha eran piadosos. “Pío” es un vocablo latino que se puede referir a estas dos cualidades espirituales, “piedad de los necesitados, y fidelidad a la oración como trato con Dios.

 

Con la muerte de Concha, ocurrida en el año 1997, ponemos fin a esta afectuosa presentación del Cortijo Don Diego, que conocimos durante bastantes años.

 

Texto escrito por D. Antonio Maldonado Correa y D.Manuel Hódar Maldonado, Cedido por D.Paulino Martín