Dña. Asunción Martín Molina


Doña Asunción (1912-1995) fue maestra de Vélez desde el curso 1948-49 y permaneció hasta que se jubiló en 1977. Aquí nacieron y se criaron sus hijos. Los últimos años de su vida los pasó en Granada.

 

Había nacido en Iznalloz. Vino de maestra a nuestro pueblo porque su marido, Don Juan Ferriz Ocón, era Secretario en este Ayuntamiento. Le concedieron la escuela por “consorte”, una ley que facilitaba a los matrimonios, en los que ambos trabajaban para la Administración Pública, que pudieran vivir en el mismo lugar.

 

Era una persona sencilla, serena y natural. Pasó por muchas y muy diferentes situaciones humanas, que no se asimilan fácilmente. Ella las vivió sin evadirse, ni perder la calma: centrada en sus tareas familiares y en su responsabilidad profesional como maestra.

 

Su dolor tuvo nombres y rostros. La muerte la visitó reiteradamente en las personas más queridas: Su marido que murió a la edad de 45 años (en 1957). Su primer hijo, José, murió a los tres meses de vida. Otra hija, Consuelo, con 2 años. Juan con 18. Finalmente murió Luis Manuel, a los 21 años.

 

También vivió el gozo, que le venía de los cinco hijos que le vivieron. Los cinco han sido y son personas buenas: Julio Antonio, Mª Carmen, Asunción, Pepe y Rafael. Ellos fueron su aliento en las situaciones de muerte que hemos mencionado antes. Cinco muertes, cinco vidas. El dolor por las pérdidas y el gozo por los vivos.

 

También en la vida de Doña Asunción, junto al dolor y al gozo, hubo gloria. No se dio ella a sí misma ninguna importancia, pero Vélez, el pueblo en el que estuvo tantos años, la valoró, la admiró y le agradeció su presencia y su trabajo a favor de la cultura de las niñas.

 

¿Cómo se explica la general valoración y el cariño de todo el pueblo por su persona? En todos los pueblos hay personas queridas por unos y rechazadas por otros. A Doña Asunción no se conoce a alguien que la minusvalorara.

 

En la vida muchas personas buenas son lamentablemente desconocidas en su bondad. ¿Cómo se explica que ella fuera valorada por todo el pueblo siendo una persona discreta y humilde? La explicación está en los niños que pueden ver a los adultos que se dedican a ellos de una forma directa, sin fingimientos. Los niños, en su transparencia, pueden captarnos en nuestra verdadera naturaleza. Y fueron las niñas de su clase quienes descubrieron la categoría humana de Doña Asunción.

 

En los últimos días de clase, de cada curso, se solía formar un ambiente peculiar a la salida de la escuela: Las niñas que al curso siguiente dejarían la escuela de Doña Asunción lloraban, y las que se incorporarían con ella estaban felices y contentas. El llanto y la alegría en estos días finales de curso eran muy elocuentes, pues expresaban cuánto la querían, índice del ambiente vivido en la clase durante su estancia en ella.

 

Las niñas la querían de verdad y ser alumna de ella lo consideraban una suerte. Este cariño de las niñas por su maestra llegaba a las familias, a las que tenían niñas en edad escolar y también a las que no. Lo conocía todo el pueblo. Incluso, con el tiempo, como Doña Asunción estuvo muchos años de maestra, en algunas casas coincidía que la hija y la madre habían sido alumnas suyas y ambas la habían querido y admirado. De este cariño tan profundo y unánime nació la admiración por ella que tiene todo el pueblo. El amor que en Vélez se le tiene a Doña Asunción nace del corazón. Es lo más parecido al que se siente por un familiar muy entrañable.

 

Con el tiempo el recuerdo se irá distanciando, pero Dona Asunción ha hecho una aportación a Vélez con su manera de ser, de vivir y de trabajar. Recordarla siempre nos trae una emoción positiva a quienes tuvimos la suerte de conocerla.

 

Texto escrito por D.Manuel Hódar Maldonado y D.Antonio Maldonado Correa, Cedido por D.Paulino Martín